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Por Micky Zamudio Para el regio solo hay una pasión que se puede comparar al amor que le tienen a la tradicional carnita, la pasión por sus Tigres...

Por Micky Zamudio

Para el regio solo hay una pasión que se puede comparar al amor que le tienen a la tradicional carnita, la pasión por sus Tigres y Rayados.

Desde las épocas en que los Rayados sumaron 58 años sin ganar un campeonato de liga y los 29 años que sumó Tigres, si de algo presumían sus aficiones era de amor por la camiseta y de ser la mejor afición de México. Las barras no existían, había un ambiente en el que los aficionados podían convivir sin problema, a pesar de la camiseta y el equipo al que le fueran.

Con el paso de los años, se acabaron las vacas flacas, pero con ellas se fueron muchas cosas que ahora se añoran, la tranquilidad de poder ir a un estadio sin temor a ser víctima de violencia, los precios de los boletos se volvieron extremadamente caros al igual que las bebidas y alimentos que venden durante los juegos.

Al tiempo que esto sucedía, los comunicadores encontraron en la polarización entre aficiones, una receta infalible para el rating. La venta del «chicharrón» futbolero se convirtió en una industria que inició Roberto Hernández Jr. pero que muchos más siguieron como fórmula.

Actualmente, vemos que vecinos dejan de hablarse, amistades se pierden y otros inadaptados incluso se pelean, en nombre de defender el buen nombre de sus rayados o de sus tigres.  Algunos presumirán que pagaron un boleto en más de 5 mil, con dinero que no tenían, sacrificando temas realmente importantes, todo para demostrar su cariño al equipo.

¿Sabrán que en el resto del país estas muestras de «amor a la camiseta» las califican como estúpidas?

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