La cinta, que se estrena el 17 de julio, es la primera filmada íntegramente en película Imax. Nolan buscó recrear el poema homérico con locaciones reales y máxima autenticidad visual.
Christopher Nolan nunca ha tenido miedo de soñar en grande, y con cada película se ha exigido más a sí mismo y al medio cinematográfico, jugando con la forma, la narrativa y las expectativas del público para crear espectáculos perdurables. Como estudioso de la historia de Hollywood, el ganador del Oscar identificó en La Odisea un vacío enorme en la cultura cinematográfica que buscó llenar con su nuevo proyecto.
Todas las películas de Nolan son épicas a su manera, pero para The Odyssey el director sabía que debía crear algo a la altura del poema homérico y de su lugar fundacional en la cultura occidental, digno de las pantallas más grandes y de los recursos que exigiría. Su objetivo fue lograr algo accesible y realista, lo que implicó rodar en locaciones remotas, utilizar barcos reales en mares reales y trasladar al público a la cueva del cíclope, al interior del caballo de Troya y a la desolada extensión del Hades.
La película, que llega a las salas de cine de todo el mundo el 17 de julio, tiene además la particularidad de ser el primer largometraje filmado íntegramente en película Imax, un hito técnico que refuerza la ambición visual del proyecto.

